Mudéjares bajo los Reyes Católicos
Del pacto medieval a la uniformidad confesional (1474–1516)
La situación de los mudéjares en tiempos de Isabel I de
Castilla y Fernando II de Aragón constituye uno de los procesos más reveladores
del tránsito entre la sociedad política medieval y la configuración de la
Monarquía Hispánica moderna. No se trató simplemente de un conflicto religioso,
sino de una transformación estructural que afectó a la naturaleza del poder, a
la definición de la comunidad política y al equilibrio entre tradición pactista
y centralización creciente.
El término mudéjar designa a los musulmanes que, tras la
conquista cristiana de sus territorios, permanecían bajo soberanía cristiana
conservando su religión, su derecho islámico y su organización comunitaria a
cambio de tributo y subordinación política. Esta fórmula de coexistencia
jerarquizada fue habitual durante la Reconquista y formaba parte del orden
jurídico bajomedieval.
La herencia medieval y el equilibrio pactado
En la Baja Edad Media, las comunidades mudéjares se
organizaban en aljamas, con autoridades propias como cadíes y alfaquíes, que
regulaban la vida civil y religiosa interna. Pagaban impuestos específicos y
estaban sometidas a limitaciones simbólicas, pero conservaban una autonomía
real en cuestiones personales y familiares.
En la Corona de Aragón, donde el sistema político descansaba
en el pactismo entre rey y cuerpos territoriales, este modelo estaba firmemente
arraigado. La monarquía no actuaba en abstracto, sino negociando con
estructuras forales consolidadas. La presencia mudéjar, especialmente en el
Reino de Valencia, era además esencial para la economía agraria señorial.
La situación cambiaría radicalmente tras la conquista del
último reino islámico peninsular.
La conquista de Granada y las Capitulaciones de 1492
La caída del Reino nazarí de Granada el 2 de enero de 1492
supuso la incorporación de un territorio cuya población era mayoritariamente
musulmana. Las Capitulaciones firmadas con Boabdil garantizaban explícitamente
la libertad religiosa, la conservación de bienes y el respeto a costumbres y
derecho propio.
En esta primera fase, la política fue pragmática. El
arzobispo Hernando de Talavera defendió una evangelización gradual basada en la
persuasión y el aprendizaje del árabe. La prioridad era estabilizar el
territorio recién conquistado y evitar una emigración masiva que dañara la
estructura productiva.
La monarquía necesitaba orden, ingresos fiscales y control
político, no un conflicto inmediato.
La rebelión mudéjar de 1499–1501: el punto de inflexión
El giro decisivo se produjo con la intervención del cardenal
Francisco Jiménez de Cisneros en 1499. Considerando insuficiente la estrategia
gradual de Talavera, impulsó conversiones intensivas y presión directa sobre
líderes religiosos musulmanes.
La detención de un alfaquí en el Albaicín desencadenó en
diciembre de 1499 un levantamiento urbano. La revuelta fue inicialmente
espontánea y desorganizada, pero evidenció el profundo malestar ante lo que
muchos granadinos percibían como ruptura del pacto de 1492.
Sofocado el foco urbano, la rebelión se extendió a las
Alpujarras entre 1500 y 1501. Allí adoptó la forma de resistencia irregular en
un terreno montañoso difícil para las tropas castellanas. No fue una guerra
convencional, sino una sucesión de focos de insurrección localizados.
Tras la represión, la Corona declaró que la rebelión anulaba
jurídicamente las garantías capitulares. En 1502 se promulgó la pragmática que
obligaba a los musulmanes del ámbito castellano a elegir entre el bautismo o el
exilio. La mayoría optó por la conversión formal, naciendo así el grupo social
de los moriscos.
Este episodio marcó el tránsito del modelo pactado medieval
a una política de uniformidad religiosa en Castilla.
Castilla y Aragón: dos ritmos distintos
Mientras que en Castilla el islam quedó oficialmente
prohibido tras 1502, en la Corona de Aragón los mudéjares conservaron su
estatuto legal durante el reinado de Fernando.
Las razones fueron múltiples:
La estructura pactista aragonesa limitaba la capacidad de
imposición directa del monarca.
La nobleza dependía económicamente de la población mudéjar.
Una conversión forzosa podía generar inestabilidad fiscal y
social.
No será hasta las Germanías (1519–1523) cuando se produzcan
conversiones forzosas en el Reino de Valencia, alterando definitivamente la
situación.
Economía y racionalidad política
Los mudéjares desempeñaban un papel económico fundamental.
En Granada eran esenciales en la agricultura de regadío, en la producción de
seda y en el mantenimiento de sistemas hidráulicos heredados del período
andalusí. En Aragón constituían la base del campesinado en muchos señoríos.
La monarquía actuó combinando ideal religioso y cálculo
económico. La conversión permitía mantener la fuerza de trabajo sin provocar un
vacío demográfico inmediato.
La política no fue exclusivamente confesional, sino también
estratégica.
Religión, unidad y construcción del poder
El reinado de los Reyes Católicos coincidió con una
redefinición del concepto de comunidad política. La expulsión de los judíos en
1492 y la conversión forzosa musulmana en 1502 reflejan la creciente asociación
entre ortodoxia religiosa y lealtad política.
La Monarquía Hispánica no era aún un Estado nacional
moderno, sino una estructura compuesta de reinos con instituciones propias. Sin
embargo, en el plano religioso tendía hacia la homogeneización como fundamento
simbólico del poder.
La conversión no implicó integración real. Los moriscos
quedaron bajo sospecha permanente, vigilados por la Inquisición y sometidos a
tensiones culturales que estallarían de nuevo en el siglo XVI, culminando en la
expulsión de 1609 bajo Felipe III de España.
Dimensión internacional
El contexto mediterráneo también influyó. La expansión
otomana y la presencia corsaria en el norte de África generaban preocupación
estratégica. Las comunidades musulmanas peninsulares eran percibidas como
posibles puntos de contacto con potencias islámicas exteriores.
La cuestión mudéjar se insertaba así en una lógica de
seguridad y control territorial.
Conclusión
La evolución de los mudéjares bajo los Reyes Católicos no
fue un proceso lineal ni exclusivamente religioso. Fue el resultado de la
interacción entre tradición pactista, reforma eclesiástica, cálculo económico,
geopolítica mediterránea y consolidación del poder regio.
El tránsito del mudéjar al morisco simboliza el paso de una
sociedad plural jerárquica heredada de la Edad Media a un modelo de unidad
confesional que marcaría profundamente la historia moderna de la Península
Ibérica.
Más que un simple episodio de intolerancia, fue un momento
estructural en la redefinición del poder y de la identidad política en la
Europa de finales del siglo XV.
Bibliografía básica
-
Ladero Quesada, Miguel Ángel, La España de los Reyes Católicos, Madrid, 1999.
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Ladero Quesada, Miguel Ángel, Los mudéjares de Castilla en tiempos de Isabel I, Valladolid, 1969.
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Domínguez Ortiz, Antonio y Vincent, Bernard, Historia de los moriscos, Madrid, 1978.
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Carrasco Urgoiti, María Soledad, El problema morisco, Madrid, 1976.
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Elliott, J. H., Imperial Spain 1469–1716, Londres, 1963 (ed. revisada 2002).