Bienvenida

El Blog de Viajero en el Tiempo. Gracias por visitar este Humilde Blog. Si encontráis material protegido por derechos de autor o que no debe estar aquí, podéis contactar conmigo y a la mayor brevedad posible lo retiraré. Gracias.
gadgets para blogger

domingo, 4 de octubre de 2020

Las Primeras Invasiones. La Gran Aventura de Los Godos. El Ocaso de Roma.

La Gran Aventura de los Godos.

Adrian Goldsworthy-2.jpg
Adrian Goldsworthy, 2016, Enlace

      


      Adrian Goldsworthy habla de otras obras relacionadas con el tema de La Caída del Imperio Romano y dice: “Ninguno se esfuerza en vincular el Imperio del siglo IV con el Alto Imperio Romano, y es necesario comprender de forma más global como era el Imperio Romano y discernir las causas de su caída”

      Los que visitamos los museos y monumentos repartidos por lo que fue el Imperio Romano, todavía nos sorprendemos de su caída, porque lo que surgió de entre sus ruinas resulta tremendamente primitivo. La denominación de Edad Oscura para la Edad Media está muy arraigada en la mente de la gente, a pesar de que es un término que los estudiosos han dejado de utilizar hace mucho tiempo.
La eterna pregunta: ¿Por qué se Hundió Roma? Éste continúa siendo uno de los grandes interrogantes de la historia. En el mundo del autor, el mundo anglófono, “La caída” está ligada a la decadencia. Roma nunca fue abandonada, aunque a lo largo de los siglos que siguieron a la caída, su población se redujo de forma drástica, desde el máximo alcanzado en el momento del esplendor del imperio.
A parte de la capital, muchas otras ciudades modernas, se han construido sobre cimientos romanos, algo que resulta evidente en los trazados en cuadrícula de sus planos urbanos. Otras ciudades desaparecieron por completo y las situadas en zonas desérticas nos brindan algunas de las ruinas más románticas del planeta.
      El autor apenas ha utilizado los términos modernos “Bizancio” y “Bizantino”, y cuando lo ha hecho y cuando ha hecho referencia a los emperadores que gobernaron desde Constantinopla, los ha llamado romanos, aun cuando ya no controlaban Italia ni la propia Roma. Así, nos cuenta el autor es como se llamaban a sí mismo. También la exactitud de los términos empleados, como “germánicos y “tribus”, según el autor, todavía se debate acaloradamente. En ocasiones la palabra Bárbaro es conveniente, pero ninguno de estos términos, debería interpretarse con demasiada rigidez, según Adrian Goldsworthy.
      En el 476, el último emperador romano que ejercía su poder desde Italia fue depuesto en Rávena. Rómulo Augústulo tenía poco más de diez años y era una marioneta en manos de su padre, que comandaba el ejército imperial. En aquel momento ya no controlaba un imperio demasiado grande. En el este, en Constantinopla, gobernaba otro emperador que no reconocía al pretendiente de Italia. La mayoría de las provincias occidentales (Galia, Hispania y Norte de África), habían sido reconvertidas en reinos por caudillos de origen germánico. Ahora que un oficial del ejército de extracción Bárbara llamado Odoacro, había asesinado al padre de Rómulo, y había depuesto al emperador, a Italia le aguardaba el mismo destino.
      A finales del siglo IV, el imperio se había dividido en las mitades oriental y occidental, cada una gobernada por su propio emperador. El Imperio de Oriente, había conservado su fuerza, pero el Occidental había caído en desgracia (su riqueza y su poder había disminuido tras una serie de reveses). En el año 476 al Imperio de Occidente le quedaba poco para caer, de forma definitiva. Durante el siglo siguiente, los romanos orientales intentaron reconquistar los territorios perdidos y ocuparían Italia, África y parte de Hispania, pero carecían de la fuerza suficiente para mantenerlos a largo plazo.
Ya en el año 600 el mundo era muy diferente, porque ninguna superpotencia había ocupado el lugar de Roma y lo que fue su territorio estaba ahora dividido en muchos reinos y pueblos de menor tamaño. Por lo que el mundo medieval había cobrado forma, por lo que el autor, siempre recurrente nos dice que “La Caída del Imperio Romano sigue siendo uno de los grandes misterios de la Historia”
     El año 476, año en que fue depuesto Rómulo Augústulo, con poco más de10 años, por el bárbaro Odoacro, se tiene como el fin de Roma occidental:
      "Existe una amarga ironía en el hecho de que el último emperador hubiera sido bautizado con el nombre Rómulo en honor del mítico fundador de Roma y de que el apodaran 'el pequeño Augusto (Augústulo es diminutivo de Augusto)”.
      “No se puede hablar de un año en particular. Es mejor ver este proceso con distancia. Entre Adriano, Marco Aurelio hasta Rómulo Augústulo la diferencia es bastante impresionante. No hay un claro elemento singular. Y por eso la caída del Imperio romano es un tema que nunca se pasa de moda”.
      Para algunas personas, según nos cuenta Adrian Goldsworthy, el mundo del Bajo Imperio Romano era extremadamente sombrío, con un campesinado cargado de impuestos, al que exprimían para hacer frente a los crecientes costes de mantenimiento de un ejército. Con el tiempo esta elevada presión acabó llevando el sistema a la destrucción.



      En este apartado el autor, hace referencia a Marco Aurelio, y no será la única vez que lo citará en el libro. Me ha encantado esta parte, porque hace un buen resumen de los gobernantes de Roma, sus formas de gobierno y la política de Roma:

               “Los hombres más honorables. Los gobernantes del Imperio”.
       En el aniversario 900 de la fundación de Roma fue conmemorado formalmente en el año 148, cuando Marco Aurelio era adolescente. Es imposible saber si Rómulo existió y si realmente fundó la ciudad en el año 753 a. C., pero es probable que la fecha aceptada de forma tradicional sea la correcta. Roma fue gobernada por reyes hasta el año 509 a. C., cuando el último de ellos fue expulsado y se formó la república. En el siglo III a. C, la republica romana se expandió hasta controlar la península italiana y, a mediados del siglo siguiente ya dominaba todo el mundo mediterráneo. Sin embargo, con el tiempo la política romana fue haciéndose más agresiva. En el año 88 a. C. Un ejército romano marchó contra la propia Roma, comenzando la primera de una serie de guerras civiles que destrozarían la república. Al final en el año 31 a. C., el hijo adoptado de Julio César, Octaviano, derrotó a su último rival, Marco Antonio. Roma volvió a convertirse en una monarquía, aunque Octaviano no quisiera utilizar la palabra rey (César había sido asesinado, porque se sospechaba que codiciaba ese título).
      Octaviano afirmaba haber “Restaurado la República”, pero durante su prolongado reinado creó un sistema que alteró de forma fundamental el equilibrio de poder dentro del Estado. Él y sus sucesores recibieron el nombre de Imperator, de donde procede nuestra palabra emperador, que en latín significaba General. Por lo que era tradicional que los comandantes victoriosos fueran aclamados como Imperator por sus ejércitos.
      Los Persas. Romanos y persas lucharían en el siglo III y hay una página, donde Sapor I, describe su victoria frente a los romanos en el año 244. A pesar de esto a lo largo del tiempo estas luchas seguirán.
      Hace alusión a los Hunos (su origen está envuelto en leyenda), que presionaron a los habitantes de más allá de las fronteras del Imperio romano, que finalmente tuvieron que ser absorbidos por el Imperio, y nos dice el autor, que esto fue un desastre y que llevó a una gran crisis que terminó con la sublevación de los Emigrantes (“Los Pueblos Bárbaros”). Tampoco he de olvidar al el Emperador Constantino. Famoso por ser el emperador que cristianizó al Imperio, aunque el autor hace una crítica voraz sobre él y no dice que muchas fuentes provienen de la Iglesia y que habría que ponerlas en cuestión.
      No dejaré pasar por alto la derrota de Adrianápolis, frente a un nutrido grupo de godos encabezado por Fritigerno. Por lo que el autor asevera que es un grave problema para aquellos que hacen hincapié en la fortaleza y eficiencia del Imperio a finales del siglo IV. También nos dice, que las incursiones de los Bárbaros eran dañinas para finales del siglo IV, pero eran siempre los enemigos internos los que amenazaban el reinado del Emperador y su propia vida.
     También, hacer hincapié en la división del Imperio en el año 395, que reflejaba en buena medida la división de las provincias occidentales, que hablaban latín, y las orientales, que hablaban griego. Había numerosas diferencias regionales de lengua y cultura entre ambas regiones, lo que sin lugar a duda dio cohesión a los dos imperios que surgieron.
      Unos de los apartados del libro nos hablan “Del Imperio Cristiano”: Los propios cristianos siguieron estando divididos en muchos grupos diferentes. En el Norte de África Los donatistas seguían siendo fuertes, manteniendo su organización eclesiástica, con obispos y otros líderes análogos a los de la Iglesia Católica, apoyada por el Estado.
      Teodosio se aseguró de que la Iglesia oficial respaldara únicamente el credo y la doctrina que fueron aprobados en el Concilio de Nicea.


Bibliografía: La caída del Imperio Romano: el ocaso de Occidente 
Libro de Adrian Goldsworthy


La Aventura de Los Godos.
La Aventura de Los Godos


                                 La lenta fusión entre romanos y bárbaros



      No era una novedad que una tribu procedente del exterior del Imperio se estableciera en alguna provincia dentro de éste. Los emperadores Diocleciano y Constantino y otros muchos emperadores, habrían permitido esos asentamientos. Estos pueblos “Bárbaros, que hasta entonces habían sido hostiles con el Imperio Romano, eran trasladados a unas tierras más productivas, por lo que, de esta forma, dejaban de ser una amenaza, para convertirse en contribuyentes fiscales y soldados. Si nos remontamos al siglo I d. C., un gobernador senatorial habría escrito lo siguiente: “Incorporé a más de cien mil miembros de los pueblos que vivían al otro lado del Danubio, para que paguen tributo a Roma junto con sus esposas y familias”. Puede que esta cifra se exagerada, pero no cabe duda, que ya en aquella época, los pueblos fuera de las fronteras del Imperio eran útiles para los romanos. Debo decir que tampoco todos los emigrantes eran admitidos. El famoso Julio César, comenzó sus campañas galas negándose a permitir que una tribu (“Los Helvecios”) atravesaran su provincia de camino hacia su destino en la Galia. Los emigrantes debían rendirse ante Roma, antes de penetrar en el Imperio. Después se les ofrecía un lugar donde asentarse, lo cual se hacía en pequeños grupos repartidos por una amplia zona que hubiera dejado de cultivarse o formara parte de una propiedad Imperial. El estatus legal de estos colonos “Bárbaros” variaba. Un ejemplo concreto: Los descendientes de aquellos que habían sido derrotados, fueron uno de los pocos contingentes excluidos de la concesión de la ciudadanía por parte del Emperador Caracalla. Hay que decir, que la mayoría de los asentamientos de estos colonos se convertiría con el tiempo en pueblos muy prósperos. 
      Hay que destacar, que casi todos los pueblos aceptados por el Imperio romano habrían sufrido derrotas militares en el pasado. Por último, decir que la cosa se descontrolaría ya a finales del siglo IV y principios del siglo V, porque los mecanismos establecidos, por el Imperio para absorber a los “Bárbaros” fallaron, por ejemplo, con los Tervingos
      

                               La Gran Aventura de Los Godos


      Escandinavia fue la tierra original de los pueblos germánicos; el pueblo godo lo era, como otros tantos pueblos que emergieron de aquellas frías latitudes. 
En el área del mar Báltico, hemos de buscar, entre la zona meridional y Alemania.  En este último territorio se asentarán los godos entre los siglos II a.C. y el III. Tampoco debemos descartar la isla sueca de Gotland como punto de “salida oficial” de la expansión goda. Ésta se inició aproximadamente hacia el 50 a.C. De aquella isla báltica, de unos 3.100 kilómetros cuadrados, saltaron al continente, donde se organizaron en tres grupos con el objetivo de dominar el Vístula. Estos contingentes tenían sus nombres: Greutungos (“de laspiedras"), Tervingos (“de los bosques"), y visos ("de las praderas"), y éstos serían absorbidos finalmente por los “Gauti”, nombre original de los godos. Vencieron
a Rugios y Vándalos hasta que los gépidos los empujaron hacia el este por el río Dniéster en Ucrania a mediados del siglo II. Un siglo más tarde, éstos, ya habían sido divididos por las migraciones, en dos grupos perfectamente delimitados: 
      Tenemos, por un lado, los ostrogodos (godos orientales) y por otro lado, los visigodos (godos occidentales). Los primeros se asentaron en los territorios ucranios, dominando a germanos, eslavos, fineses y sármatas; los segundos, al oeste del Dniéster, ocupando Besarabia, Moldavia y Transilvania. Era evidente que los visigodos se consolidaron como firmes candidatos a ser los primeros en entrar en contacto con el Imperio Romano y así lo fue.
     A lo largo del siglo III mantuvieron diferentes enfrentamientos bélicos con Roma, que les procuraron entradas en Misia, Tracia y Dacia, abandonadas definitivamente por el emperador Aureliano en el año 271. En esas tierras crecieron los godos (meso godos) como agricultores, mientras estrechaban cada vez más sus lazos con el Imperio. Años más tarde, en el 332, romanos y visigodos sellaban un pacto por el cual el emperador Constantino concedía a los bárbaros el estatus de federados con el objeto de frenar las incursiones germanas en la zona fronteriza del Danubio. Era el comienzo de una rara amistad.

Bibliografía:
Sanz Serrano, R., Las migraciones bárbaras y la formación de los primeros
reinos de Occidente, Síntesis, Madrid, 1995.
 Musset, L., Las invasiones. Las oleadas germánicas, Editorial Labor,
Barcelona, 1973.
Papol, P. y Ripoll, G., Los godos en el Occidente Europeo: ostrogodos y
visigodos en los siglos V-VIII, Ediciones Encuentros, Madrid, 1988.
La Aventura de Los Godos de Juan Antonio Cebrián.

      


El Imperio romano en tiempos del Emperador Adriano:


Iré desarrollando esta entrada...
Un Saludo de Viajero en el Tiempo