viernes, 27 de febrero de 2026

 

Mudéjares bajo los Reyes Católicos

Del pacto medieval a la uniformidad confesional (1474–1516)

 

La situación de los mudéjares en tiempos de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón constituye uno de los procesos más reveladores del tránsito entre la sociedad política medieval y la configuración de la Monarquía Hispánica moderna. No se trató simplemente de un conflicto religioso, sino de una transformación estructural que afectó a la naturaleza del poder, a la definición de la comunidad política y al equilibrio entre tradición pactista y centralización creciente.

 

El término mudéjar designa a los musulmanes que, tras la conquista cristiana de sus territorios, permanecían bajo soberanía cristiana conservando su religión, su derecho islámico y su organización comunitaria a cambio de tributo y subordinación política. Esta fórmula de coexistencia jerarquizada fue habitual durante la Reconquista y formaba parte del orden jurídico bajomedieval.

 

La herencia medieval y el equilibrio pactado

 

En la Baja Edad Media, las comunidades mudéjares se organizaban en aljamas, con autoridades propias como cadíes y alfaquíes, que regulaban la vida civil y religiosa interna. Pagaban impuestos específicos y estaban sometidas a limitaciones simbólicas, pero conservaban una autonomía real en cuestiones personales y familiares.

 

En la Corona de Aragón, donde el sistema político descansaba en el pactismo entre rey y cuerpos territoriales, este modelo estaba firmemente arraigado. La monarquía no actuaba en abstracto, sino negociando con estructuras forales consolidadas. La presencia mudéjar, especialmente en el Reino de Valencia, era además esencial para la economía agraria señorial.

 

La situación cambiaría radicalmente tras la conquista del último reino islámico peninsular.

 

La conquista de Granada y las Capitulaciones de 1492

 

La caída del Reino nazarí de Granada el 2 de enero de 1492 supuso la incorporación de un territorio cuya población era mayoritariamente musulmana. Las Capitulaciones firmadas con Boabdil garantizaban explícitamente la libertad religiosa, la conservación de bienes y el respeto a costumbres y derecho propio.

 

En esta primera fase, la política fue pragmática. El arzobispo Hernando de Talavera defendió una evangelización gradual basada en la persuasión y el aprendizaje del árabe. La prioridad era estabilizar el territorio recién conquistado y evitar una emigración masiva que dañara la estructura productiva.

 

La monarquía necesitaba orden, ingresos fiscales y control político, no un conflicto inmediato.

 

La rebelión mudéjar de 1499–1501: el punto de inflexión

 

El giro decisivo se produjo con la intervención del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros en 1499. Considerando insuficiente la estrategia gradual de Talavera, impulsó conversiones intensivas y presión directa sobre líderes religiosos musulmanes.

 

La detención de un alfaquí en el Albaicín desencadenó en diciembre de 1499 un levantamiento urbano. La revuelta fue inicialmente espontánea y desorganizada, pero evidenció el profundo malestar ante lo que muchos granadinos percibían como ruptura del pacto de 1492.

 

Sofocado el foco urbano, la rebelión se extendió a las Alpujarras entre 1500 y 1501. Allí adoptó la forma de resistencia irregular en un terreno montañoso difícil para las tropas castellanas. No fue una guerra convencional, sino una sucesión de focos de insurrección localizados.

 

Tras la represión, la Corona declaró que la rebelión anulaba jurídicamente las garantías capitulares. En 1502 se promulgó la pragmática que obligaba a los musulmanes del ámbito castellano a elegir entre el bautismo o el exilio. La mayoría optó por la conversión formal, naciendo así el grupo social de los moriscos.

 

Este episodio marcó el tránsito del modelo pactado medieval a una política de uniformidad religiosa en Castilla.

 

Castilla y Aragón: dos ritmos distintos

 

Mientras que en Castilla el islam quedó oficialmente prohibido tras 1502, en la Corona de Aragón los mudéjares conservaron su estatuto legal durante el reinado de Fernando.

 

Las razones fueron múltiples:

 

La estructura pactista aragonesa limitaba la capacidad de imposición directa del monarca.

 

La nobleza dependía económicamente de la población mudéjar.

 

Una conversión forzosa podía generar inestabilidad fiscal y social.

 

No será hasta las Germanías (1519–1523) cuando se produzcan conversiones forzosas en el Reino de Valencia, alterando definitivamente la situación.

 

Economía y racionalidad política

 

Los mudéjares desempeñaban un papel económico fundamental. En Granada eran esenciales en la agricultura de regadío, en la producción de seda y en el mantenimiento de sistemas hidráulicos heredados del período andalusí. En Aragón constituían la base del campesinado en muchos señoríos.

 

La monarquía actuó combinando ideal religioso y cálculo económico. La conversión permitía mantener la fuerza de trabajo sin provocar un vacío demográfico inmediato.

 

La política no fue exclusivamente confesional, sino también estratégica.

 

Religión, unidad y construcción del poder

 

El reinado de los Reyes Católicos coincidió con una redefinición del concepto de comunidad política. La expulsión de los judíos en 1492 y la conversión forzosa musulmana en 1502 reflejan la creciente asociación entre ortodoxia religiosa y lealtad política.

 

La Monarquía Hispánica no era aún un Estado nacional moderno, sino una estructura compuesta de reinos con instituciones propias. Sin embargo, en el plano religioso tendía hacia la homogeneización como fundamento simbólico del poder.

 

La conversión no implicó integración real. Los moriscos quedaron bajo sospecha permanente, vigilados por la Inquisición y sometidos a tensiones culturales que estallarían de nuevo en el siglo XVI, culminando en la expulsión de 1609 bajo Felipe III de España.

 

Dimensión internacional

 

El contexto mediterráneo también influyó. La expansión otomana y la presencia corsaria en el norte de África generaban preocupación estratégica. Las comunidades musulmanas peninsulares eran percibidas como posibles puntos de contacto con potencias islámicas exteriores.

 

La cuestión mudéjar se insertaba así en una lógica de seguridad y control territorial.

 

Conclusión

 

La evolución de los mudéjares bajo los Reyes Católicos no fue un proceso lineal ni exclusivamente religioso. Fue el resultado de la interacción entre tradición pactista, reforma eclesiástica, cálculo económico, geopolítica mediterránea y consolidación del poder regio.

 

El tránsito del mudéjar al morisco simboliza el paso de una sociedad plural jerárquica heredada de la Edad Media a un modelo de unidad confesional que marcaría profundamente la historia moderna de la Península Ibérica.

 

Más que un simple episodio de intolerancia, fue un momento estructural en la redefinición del poder y de la identidad política en la Europa de finales del siglo XV.


Bibliografía básica

  • Ladero Quesada, Miguel Ángel, La España de los Reyes Católicos, Madrid, 1999.

  • Ladero Quesada, Miguel Ángel, Los mudéjares de Castilla en tiempos de Isabel I, Valladolid, 1969.

  • Domínguez Ortiz, Antonio y Vincent, Bernard, Historia de los moriscos, Madrid, 1978.

  • Carrasco Urgoiti, María Soledad, El problema morisco, Madrid, 1976.

  • Elliott, J. H., Imperial Spain 1469–1716, Londres, 1963 (ed. revisada 2002).




Un saludo de Viajero en el Tiempo

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