LOS HIDALGOS DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA QUE CONQUISTARON AMÉRICA
Honor, religión, guerra, fortuna y ascenso social en el siglo XVI
Introducción. Una historia que debe ser comprendida en su propio tiempo
La expansión de la Monarquía Hispánica por América durante el siglo XVI constituye uno de los procesos históricos de mayor trascendencia de la Edad Moderna. En pocas décadas, hombres procedentes principalmente de los territorios de la Corona de Castilla atravesaron el Atlántico, exploraron enormes espacios desconocidos para los europeos, participaron en guerras, establecieron alianzas con pueblos americanos, fundaron ciudades, organizaron nuevas instituciones y contribuyeron a la creación de sociedades que acabarían formando una parte fundamental del mundo hispanoamericano.
Entre ellos encontramos hombres de muy distinta procedencia social. Algunos pertenecían a la pequeña nobleza; otros eran hidalgos, soldados, comerciantes, marineros, artesanos o personas que buscaban mediante la aventura americana una posición social y económica que difícilmente podían alcanzar en sus lugares de origen.
Este ensayo se centra especialmente en los hidalgos y en aquellos hombres vinculados a los valores sociales de la pequeña nobleza castellana que participaron en las empresas americanas.
Para comprenderlos resulta imprescindible evitar un error frecuente: juzgar automáticamente sus actuaciones desde las categorías políticas, sociales y morales del presente.
Eso no significa ignorar la violencia, las guerras, las desigualdades o los abusos que acompañaron a la conquista.
Significa algo diferente.
Significa intentar comprender primero qué clase de hombres eran, qué sociedad los había formado, qué valores tenían, qué esperaban conseguir y dentro de qué estructura política actuaban.
La sociedad del siglo XVI no era una sociedad nacional contemporánea.
La Monarquía Hispánica constituía una estructura política compuesta, integrada por diferentes reinos y territorios que compartían soberano pero conservaban, en distintos grados, sus propias instituciones y ordenamientos. La Real Academia de la Historia define precisamente la Monarquía de España como una realidad plural en la que diferentes formaciones políticas estaban unidas por un monarca común.
Por eso, cuando hablamos de los protagonistas de la expansión americana debemos precisar.
Las primeras empresas de conquista estuvieron vinculadas fundamentalmente a la Corona de Castilla, mientras que el marco político más amplio en el que se desarrolló posteriormente la presencia española en América fue la Monarquía Hispánica.
No debemos proyectar sobre el siglo XVI el concepto contemporáneo de España como Estado nacional unitario.
1. La Monarquía Hispánica: una estructura política compuesta
La unión dinástica de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón no convirtió automáticamente sus territorios en un Estado nacional uniforme.
Castilla y Aragón mantuvieron sus propias estructuras políticas.
La Corona de Aragón, por ejemplo, continuó integrada por distintos territorios con instituciones particulares. La Real Academia de la Historia señala expresamente que las monarquías de la época eran monarquías compuestas y que los distintos reinos conservaban, en mayor o menor grado, sus particularidades institucionales.
Con Carlos I, desde 1516, aquella estructura se hizo todavía más extensa.
A los territorios peninsulares se sumaron dominios europeos heredados de las diferentes ramas dinásticas y, posteriormente, los territorios americanos incorporados a la Monarquía.
Por ello, la expansión americana debe entenderse dentro de una monarquía de dimensión internacional.
La documentación conservada en PARES refleja esta complejidad institucional. El fondo del Consejo de Estado, por ejemplo, organiza su documentación histórica distinguiendo Corona de Castilla, Corona de Aragón, Reino de Navarra y otros ámbitos territoriales de la Monarquía.
Esto no es una cuestión puramente terminológica.
Cambiar “España” por “Monarquía Hispánica” nos permite comprender mejor el mundo político al que pertenecían los conquistadores.
2. La Corona de Castilla y las Indias
En las primeras décadas de la expansión americana, la Corona de Castilla tuvo un papel fundamental.
Las nuevas tierras fueron incorporándose al ámbito de gobierno de la Corona y posteriormente se desarrolló una compleja estructura administrativa destinada a gobernarlas.
El Consejo de Indias, establecido como institución específica en 1524, constituye una de las expresiones de esa progresiva organización.
La documentación de PARES muestra precisamente la evolución administrativa de los territorios americanos y la creciente intervención de la monarquía en su gobierno.
Este proceso resulta esencial para comprender a los conquistadores.
No debemos imaginarlos simplemente como aventureros que actuaban en territorios donde no existía ninguna autoridad.
La realidad fue mucho más compleja.
Los conquistadores necesitaban obtener autorizaciones, negociar con las autoridades, solicitar recompensas y defender posteriormente sus derechos ante la Corona.
La monarquía, a su vez, intentaba aprovechar sus servicios sin permitir que los nuevos territorios quedasen completamente sometidos a intereses particulares.
De esa tensión surgió buena parte de la organización política de las Indias.
3. El mundo social del hidalgo
El hidalgo pertenecía al estamento nobiliario.
En Castilla del siglo XVI, el término designaba principalmente a la nobleza de rango inferior, aunque su realidad social y económica era muy diversa. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes recoge esta caracterización y señala que el hidalgo podía presentar un nivel económico y un relieve social relativamente modestos.
Esto resulta fundamental.
Ser hidalgo no significaba necesariamente ser rico.
Tampoco significaba pertenecer a una familia poderosa.
Un hidalgo podía disfrutar de reconocimiento social y privilegios propios de su condición y, al mismo tiempo, disponer de recursos económicos limitados.
De ahí que la América recién incorporada al horizonte de la Monarquía pudiera resultar extraordinariamente atractiva.
Para determinados individuos, la aventura americana representaba una posibilidad de mejorar la posición económica y social de la familia.
Pero no debemos reducirlo todo a dinero.
La sociedad de la época concedía enorme importancia al honor, al linaje, a la reputación y al servicio.
La riqueza era importante.
La posición social también.
La fama podía serlo igualmente.
4. Una sociedad formada en la frontera
Los hombres que participaron en las primeras empresas americanas procedían de una sociedad que había vivido durante siglos en contacto con la frontera peninsular.
La guerra, la repoblación, el servicio militar, la concesión de tierras y la relación entre servicio y recompensa habían formado parte de la experiencia histórica de los reinos cristianos peninsulares.
Pero no debemos afirmar que los conquistadores fueran simplemente “guerreros medievales trasladados a América”.
El siglo XVI era ya una época distinta.
La Monarquía estaba adquiriendo una estructura política mucho más compleja.
La diplomacia, la administración, las finanzas, la navegación y las nuevas formas de hacer la guerra desempeñaban un papel cada vez mayor.
Los conquistadores pertenecían precisamente a ese mundo de transición entre las tradiciones medievales y la modernidad política.
5. Honor, fama y servicio
Para comprender a aquellos hombres hay que recuperar una palabra fundamental: honor.
En la sociedad estamental, la reputación pública tenía una importancia enorme.
El individuo era contemplado también como miembro de una familia y de un linaje.
El prestigio personal podía repercutir sobre los descendientes.
La fama militar y el servicio podían convertirse en instrumentos de promoción social.
Esto ayuda a explicar por qué las relaciones de los conquistadores con la Corona fueron tan importantes.
Muchos esperaban que sus servicios fueran reconocidos mediante mercedes, cargos, tierras, encomiendas u otras recompensas.
No era un sistema extraño para aquella sociedad.
Formaba parte de una concepción política en la que servicio y recompensa estaban estrechamente relacionados.
6. América como oportunidad
El descubrimiento y exploración de América abrió un horizonte completamente nuevo.
Los territorios americanos eran enormes y ofrecían posibilidades desconocidas.
Para hombres que tenían pocas perspectivas en sus lugares de origen, las Indias podían representar una oportunidad excepcional.
Pero las motivaciones fueron variadas.
Algunos buscaban fortuna.
Otros pretendían obtener tierras.
Otros buscaban fama.
Otros deseaban servir al monarca.
Otros estaban interesados en la evangelización.
Otros simplemente buscaban aventura.
Y muchos combinaban varias de estas motivaciones.
La explicación histórica más razonable no consiste en escoger una sola.
El conquistador podía ser simultáneamente soldado, cristiano, hidalgo, empresario, aventurero y servidor de la Corona.
Las distintas motivaciones podían coexistir.
7. Hernán Cortés: el hidalgo que alcanzó la grandeza
Hernán Cortés constituye uno de los ejemplos más claros.
PARES identifica a Cortés como nacido en Medellín en 1485 y procedente de una familia hidalga extremeña. También lo define como conquistador, descubridor, fundador, capitán general y escritor.
La Real Academia de la Historia destaca además su formación inicial, su conocimiento de las leyes y su extraordinaria capacidad política y militar. Tras la conquista de México, Carlos I lo nombró gobernador y capitán general de la Nueva España mediante cédula de 15 de octubre de 1522.
La trayectoria de Cortés muestra perfectamente la posibilidad de ascenso que ofrecía América.
Un hidalgo extremeño podía convertirse en gobernador, capitán general y posteriormente marqués.
El resultado no fue únicamente económico.
Fue también social y político.
Cortés consiguió convertir una empresa militar en una posición de enorme relevancia dentro de la nueva estructura americana.
8. La conquista de México no fue obra de españoles solos
Sin embargo, aquí aparece uno de los elementos que debemos tratar con máximo rigor.
La conquista de México no fue una campaña en la que unos centenares de españoles derrotaron por sí solos a un enorme poder indígena.
Existieron alianzas indígenas fundamentales.
La investigación de la UNAM ha dedicado especial atención a este aspecto.
En septiembre de 1519, los expedicionarios encabezados por Cortés ya avanzaban acompañados por miles de indígenas aliados de Cempoala cuando llegaron a la frontera de Tlaxcala. La guerra entre españoles y tlaxcaltecas precedió a la posterior alianza.
Esto es importante porque demuestra que los pueblos indígenas tenían sus propias estrategias.
Los tlaxcaltecas no eran simples acompañantes.
Tenían intereses políticos propios y mantenían una antigua rivalidad con los mexicas.
La alianza fue resultado de una situación política concreta.
La historiografía mexicana ha señalado precisamente que debe estudiarse la alianza hispano-tlaxcalteca desde las circunstancias y objetivos de ambas partes.
Por tanto, la conquista de México fue una empresa militar de los castellanos apoyada decisivamente por numerosos aliados indígenas, dentro de un complejo escenario político mesoamericano.
9. Francisco Pizarro y el Perú
Francisco Pizarro ofrece un ejemplo diferente.
PARES lo identifica como nacido en Trujillo en 1478, hijo del hidalgo Gonzalo Pizarro, y como conquistador del Imperio inca. La documentación también recoge su participación en las primeras campañas americanas antes de la expedición al Perú.
Su trayectoria demuestra nuevamente las enormes posibilidades de movilidad social abiertas por la expansión americana.
Pizarro pasó de una posición relativamente modesta a convertirse en gobernador y una de las figuras centrales del Perú.
Pero el proceso peruano tampoco puede explicarse mediante una oposición sencilla entre españoles e incas.
Los españoles llegaron en un momento de profundas tensiones políticas dentro del mundo andino.
La guerra entre Huáscar y Atahualpa había debilitado la estabilidad política del Tahuantinsuyo.
Los españoles supieron aprovechar aquella situación.
Y, al igual que en México, establecieron alianzas con diferentes grupos indígenas.
10. Los conquistadores no constituían un bloque
Esta cuestión debe quedar muy clara.
No existía una comunidad homogénea de “conquistadores españoles” que actuase siempre unida.
Había rivalidades personales.
Había conflictos económicos.
Había disputas por jurisdicciones.
Había enfrentamientos por encomiendas y recompensas.
Había diferentes concepciones sobre la relación con la Corona.
Las guerras civiles del Perú lo demostrarían con extraordinaria claridad.
Francisco Pizarro y Diego de Almagro terminaron enfrentados.
Posteriormente las rivalidades entre sus partidarios desembocaron en nuevas guerras.
Esto demuestra que los intereses particulares podían enfrentarse incluso entre quienes habían participado en la misma empresa de conquista.
11. Pedro de Alvarado, Belalcázar y otros
Cortés y Pizarro ocupan una posición central en la memoria histórica, pero fueron solamente algunos de los protagonistas.
Pedro de Alvarado participó en la conquista de México y posteriormente desempeñó un papel decisivo en Guatemala.
Sebastián de Belalcázar participó en las campañas de Panamá, Nicaragua, Ecuador y el territorio de la actual Colombia.
Diego de Almagro participó en la conquista del Perú y en la expedición hacia Chile.
Junto a ellos hubo centenares de hombres cuyos nombres han quedado mucho menos conocidos.
La documentación conservada por la Real Academia de la Historia incluye precisamente relaciones de méritos y servicios, testamentos, genealogías, documentos sobre conquistadores y gobernadores, y documentación referente a figuras como Cortés, Pizarro, Almagro y Alvarado.
Esto permite estudiar la conquista no solamente mediante las grandes figuras, sino también mediante hombres secundarios cuya trayectoria ayuda a comprender cómo funcionaba realmente aquella sociedad.
12. Religión y evangelización
La religión ocupaba una posición fundamental en la sociedad de la época.
No debe considerarse únicamente una justificación posterior de la expansión.
Para muchos contemporáneos, la conversión de los pueblos americanos constituía un objetivo auténtico.
La evangelización acompañó desde muy pronto a la expansión política.
Las órdenes religiosas desempeñaron un papel fundamental.
Franciscanos, dominicos, agustinos y otras comunidades participaron en la creación de parroquias, conventos y misiones.
La evangelización produjo además una profunda transformación cultural.
Los religiosos estudiaron lenguas indígenas.
Elaboraron vocabularios y gramáticas.
Crearon catecismos.
Fundaron instituciones educativas.
Construyeron iglesias y conventos.
Por supuesto, todo este proceso implicó también la sustitución o transformación de numerosas prácticas religiosas indígenas.
Pero sería históricamente incompleto presentar la dimensión religiosa únicamente como una máscara utilizada por los conquistadores.
Para una parte importante de aquella sociedad, la religión era una realidad auténtica y central.
13. La conquista y la construcción
Después de las campañas militares comenzó otro proceso todavía más largo.
Había que organizar los territorios.
Había que fundar ciudades.
Había que establecer cabildos.
Había que crear instituciones judiciales.
Había que organizar el comercio.
Había que construir iglesias.
Había que establecer rutas.
Había que desarrollar explotaciones agrícolas y mineras.
La presencia hispánica en América no consistió únicamente en conquistar.
Consistió también en construir una nueva estructura política y social.
El Archivo General de Indias conserva precisamente documentación sobre descubrimientos, descripciones, población, conquista y pacificación, así como sobre el gobierno posterior de los territorios americanos.
14. La encomienda
Uno de los instrumentos fundamentales de la nueva sociedad fue la encomienda.
No debe estudiarse únicamente desde una definición contemporánea.
Era una institución jurídica y económica que evolucionó a lo largo del tiempo y que permitía a determinados españoles recibir tributos y prestaciones de comunidades indígenas, dentro de un marco que incluía obligaciones de protección y evangelización.
La práctica generó conflictos y abusos y fue objeto de una creciente intervención de la Corona.
Las Leyes Nuevas de 1542 constituyen un ejemplo fundamental.
PARES conserva la referencia a estas disposiciones, promulgadas en Barcelona el 20 de noviembre de 1542, y señala que pretendían mejorar el trato y conservación de los indígenas. Entre sus disposiciones figuraba una fuerte limitación de la encomienda y la creación de nuevas audiencias.
Esto demuestra nuevamente que la Monarquía intentó regular la actuación de los particulares.
15. Los conquistadores frente a la Corona
Aquí aparece una cuestión esencial.
Los conquistadores habían prestado servicios.
Esperaban recompensas.
Pero la Corona no estaba dispuesta a permitir que cada conquistador construyera un poder independiente.
La monarquía necesitaba integrar las nuevas tierras dentro de su estructura política.
Por eso surgieron conflictos entre conquistadores y funcionarios reales.
Cortés constituye un ejemplo magnífico.
Tras su conquista fue nombrado gobernador y capitán general, pero posteriormente su relación con la Corona evolucionó y perdió el gobierno directo de Nueva España.
La monarquía recompensaba.
Pero también controlaba.
Y ese equilibrio fue fundamental para la construcción del orden americano.
16. Los pueblos indígenas: protagonistas de su propia historia
No podemos construir un ensayo serio sobre la conquista sin reconocer la agencia de los pueblos indígenas.
No fueron una masa pasiva.
Tenían sus propias sociedades.
Sus propios gobiernos.
Sus propias guerras.
Sus propias alianzas.
Sus propios intereses.
En México, los tlaxcaltecas combatieron primero contra los españoles y posteriormente establecieron una alianza con ellos. La UNAM señala las divergencias existentes entre las fuentes sobre el proceso y las circunstancias de esa alianza.
Esto demuestra que los indígenas tomaban decisiones políticas.
En algunos casos lucharon contra los castellanos.
En otros los apoyaron.
En otros intentaron negociar.
En otros combatieron posteriormente contra el nuevo poder.
No existió una respuesta indígena única.
17. Una sociedad nueva
La expansión americana dio lugar a una transformación profunda.
Españoles e indígenas comenzaron a convivir dentro de una estructura política completamente nueva.
Posteriormente, la llegada de población africana incorporó otro elemento fundamental.
De la combinación de esas poblaciones surgieron nuevas sociedades.
Aparecieron nuevas familias.
Nuevas ciudades.
Nuevas formas culturales.
Nuevas identidades.
Nuevas estructuras económicas.
El resultado no fue simplemente una “España trasladada a América”.
Fue algo nuevo.
La América hispánica desarrolló una sociedad propia.
18. La gran transformación del mundo
El proceso americano tuvo consecuencias que fueron mucho más allá de la política.
El intercambio entre Europa y América transformó la alimentación, la agricultura, el comercio y las economías de ambos lados del Atlántico.
El cacao, el tabaco, el maíz, la patata, el tomate y otras especies americanas entraron progresivamente en los circuitos europeos.
El comercio americano adquirió una dimensión mundial.
Durante el reinado de Felipe II, productos americanos como la cochinilla, el cacao, los cueros, el azúcar y el añil tuvieron una importancia creciente en los intercambios con Europa. La Real Academia de la Historia ha estudiado este proceso dentro de lo que denomina la primera globalización.
Por eso, la conquista de América no fue simplemente un episodio militar.
Fue uno de los acontecimientos que contribuyeron a configurar la primera economía verdaderamente intercontinental de la Edad Moderna.
19. La crítica dentro de la propia Monarquía
La existencia de conflictos y abusos no debe ocultarse.
Pero tampoco debe presentarse como si los contemporáneos españoles hubieran permanecido en silencio.
Desde muy pronto surgieron debates sobre la legitimidad de las guerras, el trato a los indígenas y los límites de la conquista.
La controversia entre Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda constituye uno de los ejemplos más conocidos.
La propia Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes conserva la edición de 1552 de la controversia en la que se enfrentaban las posiciones de ambos autores acerca de la licitud de las conquistas.
La existencia de esta discusión es históricamente muy significativa.
Demuestra que dentro de la propia Monarquía existían diferentes posiciones intelectuales y religiosas.
Pero también debemos evitar otro anacronismo.
Las Casas, Sepúlveda, Vitoria y los demás autores no hablaban desde nuestras categorías políticas actuales.
Discutían utilizando el derecho natural, la teología, la filosofía aristotélica, el derecho de gentes y la doctrina cristiana de su época.
La controversia pertenece, por tanto, a la cultura intelectual del siglo XVI.
20. El conquistador y su época
Llegados a este punto podemos comprender mejor quiénes eran aquellos hombres.
El hidalgo que marchaba a América no era simplemente un individuo obsesionado con conseguir oro.
Era un hombre formado dentro de una sociedad determinada.
Había aprendido que el honor tenía importancia.
Que la reputación familiar importaba.
Que el servicio podía proporcionar recompensa.
Que la religión formaba parte de la vida cotidiana.
Que la guerra podía ser un mecanismo legítimo de expansión política.
Que la fidelidad al monarca constituía un valor fundamental.
Y que la fortuna podía transformar radicalmente la posición de una familia.
América ofreció la posibilidad de convertir esos valores en una nueva realidad.
21. Ni leyenda heroica ni condena retrospectiva
Durante siglos, la memoria de la conquista ha oscilado entre imágenes contrapuestas.
Unas han exaltado a los conquistadores como héroes.
Otras los han convertido en símbolos absolutos de la opresión.
La historiografía contemporánea ha ampliado considerablemente la perspectiva.
Hoy es posible estudiar simultáneamente a Cortés y a los pueblos que combatieron o se aliaron con él.
A Pizarro y a las sociedades andinas.
A los conquistadores y a los religiosos.
A la Corona y a los encomenderos.
A los españoles y a los indígenas.
Eso permite obtener una imagen mucho más compleja.
Y la complejidad no es una forma de relativismo.
Es simplemente una característica del pasado.
22. ¿Qué legado dejaron?
La respuesta depende de qué dimensión estudiemos.
Desde el punto de vista político, la Monarquía incorporó enormes territorios americanos.
Desde el punto de vista cultural, la lengua castellana se extendió por gran parte del continente.
Desde el punto de vista religioso, el catolicismo adquirió una presencia decisiva.
Desde el punto de vista institucional, surgieron ciudades, audiencias, universidades, diócesis, cabildos y otras estructuras.
Desde el punto de vista económico, América quedó integrada en una red comercial atlántica y posteriormente mundial.
Desde el punto de vista social, surgieron sociedades mestizas extraordinariamente complejas.
Y desde el punto de vista humano, el proceso produjo también guerras, mortalidad, desplazamientos y profundas transformaciones de sociedades que ya existían antes de la llegada de los europeos.
Todas estas dimensiones forman parte del mismo proceso histórico.
Conclusión. Hombres de una época extraordinaria
Los hidalgos que participaron en la conquista de América fueron hombres de una sociedad muy diferente de la nuestra.
Pertenecían a un mundo de estamentos, linajes, religión, honor, guerra, servicio y privilegios.
Algunos buscaban fortuna.
Otros buscaban fama.
Otros servicio.
Otros aventura.
Muchos perseguían varias cosas al mismo tiempo.
Y América les proporcionó una posibilidad extraordinaria de transformar sus vidas.
Hombres como Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Pedro de Alvarado, Sebastián de Belalcázar y Diego de Almagro muestran diferentes trayectorias dentro de ese fenómeno.
No fueron idénticos.
No actuaron siempre por las mismas razones.
No tuvieron los mismos resultados.
Tampoco los pueblos americanos reaccionaron de una sola manera.
Hubo resistencia.
Hubo guerra.
Hubo alianzas.
Hubo negociación.
Hubo colaboración.
Hubo adaptación.
Y hubo posteriormente nuevas resistencias contra el poder establecido.
La conquista, por tanto, no puede explicarse mediante una oposición sencilla entre españoles e indígenas.
Fue un proceso de enorme complejidad política y militar en el que participaron múltiples sociedades y grupos.
Y tampoco debe explicarse proyectando sobre el siglo XVI la existencia de un Estado nacional español idéntico al actual.
Los protagonistas procedían principalmente de los territorios de la Corona de Castilla y actuaron dentro de una Monarquía Hispánica que, a lo largo del siglo XVI, se convirtió en una de las grandes estructuras políticas de la Edad Moderna. La propia Real Academia de la Historia caracteriza esa monarquía como una realidad compuesta, formada por diferentes territorios unidos por un soberano común.
Comprender esto cambia completamente nuestra perspectiva.
El hidalgo americano deja de ser una figura aislada.
Pasa a ser parte de una sociedad.
Una sociedad que llevaba siglos construyendo sus valores.
Una sociedad que acababa de entrar en una nueva fase de expansión.
Una sociedad que veía la religión como una realidad fundamental.
Una sociedad en la que el honor podía determinar la posición de una familia.
Una sociedad en la que el servicio al monarca podía abrir las puertas del ascenso.
Y una sociedad que, al atravesar el Atlántico, encontró un continente lleno de pueblos, civilizaciones, conflictos y oportunidades desconocidos para los europeos.
Aquellos hombres participaron en la creación de un nuevo mundo.
El resultado fue extraordinariamente complejo.
Hubo conquistas y derrotas.
Hubo ciudades destruidas y ciudades fundadas.
Hubo enfrentamientos y alianzas.
Hubo ambición y servicio.
Hubo violencia y negociación.
Hubo imposición y mestizaje.
Hubo conflictos y también construcción institucional.
Hubo hombres que buscaron oro y hombres que buscaron honor.
Hubo soldados que murieron sin conseguir nada y conquistadores que terminaron convertidos en miembros de las nuevas élites.
Y hubo también hombres que cuestionaron desde dentro de aquella misma sociedad determinados aspectos de la conquista.
Esa complejidad es precisamente lo que convierte a la conquista de América en uno de los grandes acontecimientos de la historia moderna.
No necesitamos convertir a aquellos hombres en héroes perfectos para reconocer su extraordinaria capacidad de iniciativa.
Tampoco necesitamos convertirlos en villanos absolutos para estudiar los conflictos y sufrimientos que acompañaron sus empresas.
La historia puede hacer algo mucho más difícil y mucho más interesante:
comprender a los hombres de su tiempo, estudiar sus acciones, reconstruir sus circunstancias y analizar las consecuencias de sus decisiones sin convertir el pasado en un juicio político del presente.
Ese debe ser el punto de partida para estudiar a los hidalgos que cruzaron el Atlántico y participaron en la construcción de la América de la Monarquía Hispánica.
Fuentes y bibliografía
Real Academia de la Historia
Real Academia de la Historia, La Corona de Aragón en la Monarquía de España. Ciclo de conferencias dedicado a la configuración política e institucional de la Monarquía Hispánica.
Consultar en la Real Academia de la Historia
PARES — Archivos Españoles
Ministerio de Cultura, PARES — Archivos Españoles. Portal de acceso a los fondos documentales de los archivos estatales, especialmente del Archivo General de Indias, relacionados con el descubrimiento, conquista, población y gobierno de los territorios americanos.
Consultar PARES — Archivos Españoles
PARES — Hernán Cortés
Ministerio de Cultura, Hernán Cortés (1485-1547). Registro de autoridad y documentación relacionada con Hernán Cortés en PARES y el Archivo General de Indias.
Consultar documentación sobre Hernán Cortés
PARES — Francisco Pizarro
Ministerio de Cultura, Francisco Pizarro (ca. 1478-1541). Registro de autoridad y documentación conservada en PARES. El registro lo identifica como conquistador del Imperio inca e hijo del hidalgo Gonzalo Pizarro.
Consultar documentación sobre Francisco Pizarro
Real Academia de la Historia — Hernán Cortés
Real Academia de la Historia, Hernán Cortés. Estudios y materiales biográficos dedicados a la trayectoria de Cortés, su actividad militar y política y su papel en la conquista de México.
Consultar materiales de la Real Academia de la Historia
Redondo Álamo, M.ª Ángeles
Redondo Álamo, M.ª Ángeles, «La figura del hidalgo en la sociedad española», Revista de Folklore, tomo 2a, n.º 17, 1982, pp. 152-160. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
Leer el estudio sobre la figura del hidalgo
UNAM — Noticonquista
Universidad Nacional Autónoma de México, Noticonquista. Proyecto de divulgación histórica dedicado a la conquista de México desde una perspectiva que incorpora las fuentes y la participación de los distintos pueblos indígenas.
Consultar Noticonquista — UNAM
PARES — Leyes Nuevas de 1542
Ministerio de Cultura, Leyes Nuevas (1542). Registro documental de las «Leyes y ordenanzas nuevamente hechas por su magestad para la gobernación de las Indias y buen tratamiento y conservación de los indios», promulgadas en Barcelona el 20 de noviembre de 1542.
Consultar las Leyes Nuevas de 1542 en PARES
Las Casas, Bartolomé de — Sepúlveda, Juan Ginés
Las Casas, Bartolomé de, Aquí se contiene una disputa o controversia entre el obispo fray Bartolomé de las Casas y el doctor Ginés de Sepúlveda, edición de 1552. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Fuente primaria relacionada con la controversia de Valladolid y el debate sobre la legitimidad de las conquistas.
Consultar la edición digital de 1552